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El sexo, admirable fuente de felicidad y placer, debido al fácil apego que genera, siempre ha sido causa también de sufrimientos y adulteraciones. La prostitución y la explotación sexual existen desde tiempos inmemoriales, pero actualmente han adquirido una dimensión tal que el sexo, asociado a la propaganda, estimulado por los medios de comunicación, e incentivado como manera de vivir, se ha desviado totalmente de la fuente de alegría y placer que ha sido siempre. Para que dos personas se reúnan a disfrutar de esta maravillosa experiencia compartida y multiplicante, no debería haber problemas o prohibiciones religiosas, exigencias de celibato o cobranzas de fidelidad, pero como se ha perdido la noción de lo que realmente es el amor y éste ha sido sustituido por el apego, el concepto se deforma, generando celos, venganzas y deseos vehementes de repetición del placer sexual, sin una razón profunda que lo acompañe. Toda vez que los cuerpos se unen en un beso, en un abrazo o incluso en un simple toque, se produce un intercambio de energías. Si la unión es sensual, en un beso o acto sexual, la liberación energético-informativa hormonal que se verifica estimula todas las células del cuerpo y hace que la transferencia energética sea mucho más intensa. La relación sexual es un intercambio íntimo de fluidos vitales, hormonas y energía sutil. El clímax, en el orgasmo, es el ápice en la formación de un vínculo energético entre los miembros de la pareja. Se crea, entonces, una memoria energética celular común, un evento que vincula permanentemente a los dos compañeros. Desde este punto de vista no hay sexo seguro, pues siempre habrá intercambio y vínculo energéticos que harán al compañero(a) permanecer en nosotros. De esa forma, como dentro de la experiencia sexual hay un intercambio químico, hormonal y energético profundo, si el acto sexual se practica con personas fuera de sintonía con nuestra frecuencia personal, toda la basura de aquella persona vendrá a desarmonizar nuestra vibración. SEXO Y AMOR Cada vez que determinada persona invita a otra a la comunión sexual o acepta de alguien un llamado en ese sentido, en bases de afinidad y confianza, se establece entre ambos un circuito de fuerzas, por el cual la pareja se alimenta psíquicamente de energías espirituales en régimen de reciprocidad. Podemos cuestionar: sin amor, ¿por qué querríamos vincularnos a alguien que poco o nada conocemos? El verdadero amor no es posesivo y no busca incesantemente el sexo, pues por si solo ya es desapegado y es fuente inagotable de placer. No obstante, actualmente, cuando se habla de amor, se habla de satisfacción de carencias del ego. Se ama con el cerebro y no con el corazón. Aquí es donde suena nuestra señal de alerta, pues necesitamos reforzar nuestra convicción de eternidad, de conexión con el universo que nos rodea de respeto hacia la grandeza de nuestro propio ser y el de otros seres humanos. Ser atrayente sexualmente y libre es la moda actual, y se vive en busca de valores sensoriales. A falta de una manera más profunda de vivir, nos sumergimos en el placer de los sentidos como una fuga, y el sexo es el mayor de esos placeres. La sexualidad, que debería ser un puente en niveles más elevados de conciencia, se pierde en el instinto y en el apego sensorial, y equivoca el objetivo correcto que debería ser la espiritualidad y el vínculo espiritual/amoroso entre dos seres. Te invito a reconsiderar seria y profundamente, acerca de este tema tan fundamental en nuestras vidas. Recuerda que fue idea del ser Supremo, y por lo tanto tiene propósitos e implicaciones profundas. ¡Vívelo, disfrútalo, agradécelo y compártelo con personas tan bellas y valiosas como tú mismo!
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